El león, el cazador y la raposa
V
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ivía un león en la
selva con sus dos hijos. Un día salió a cazar dejando a sus hijos en la cueva.
Entonces, pasó un cazador y mató a los pequeños, los arrojó junto a la cueva y
cogió sus pieles. Cuando volvió el león y vio lo que había sucedido, gritó y
lloró por la gran desgracia que había sufrido.
Había una raposa que vivía cerca de él. Se le acercó y le preguntó:
Había una raposa que vivía cerca de él. Se le acercó y le preguntó:
—León, ¿por qué gritas y lloras?
Entonces le contó el león lo que les
había sucedido a sus hijos.
—Tú has hecho a otros animales lo
mismo que el cazador te ha hecho a ti y a tus hijos —respondió la raposa—.
Aguanta tu desgracia de la misma manera que aquellos soportaron las suyas.
—¿Qué quieres decir con tus
palabras?
—¿Qué edad tienes? —preguntó la
raposa a su vez.
—Cien años.
—¿Y quién te da de comer?
—Cazo a los animales y me los como.
—¿Acaso no tienen padre y madre los
animales que te comes?
—Sí —contestó el león.
—¿Por qué esos animales no gritan y
lloran por sus hijos de la misma manera que gritas y lloras tú por los tuyos?
Cuando el león escuchó esto, supo que
su acción había sido injusta para otros animales, dejó la caza y no volvió a
comer carne. A partir de entonces, vivió como vive el asceta, rezando y sin
perjudicar a nadie.
Traducción de un fragmento de Calila y Dimna (كليلة ودمنة), Ibn al-Muqaffa (ابن
المقفع), s. VIII
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