domingo, 1 de diciembre de 2013

Texto 2

—Yo soy Kaʻb ibn Zuhayr, Mensajero de Dios.
            Los ansâr quisieron matarlo, pero él les ordenó que no lo hicieran, pues no era posible, ahora que había abrazado el Islam. A continuación, el Profeta recordó los versos de Kaʻb y, cuando llegó a la palabra «loco», éste le interrumpió:
            —Oh, Enviado de Dios, no dije «loco», sino «honesto».
            —¡Vaya, «honesto»! —respondió el Profeta, contento.
            Después, Kaʻb recitó su conocida casida en la que elogiaba al Mensajero, a la tribu de Qurayš, a los ansâr y a los muhâŷirûn.
            Se cuenta que, cuando el Profeta escuchó esta casida, le gustó y le cedió su manto conocido como «burda». Afirman que el califa Muʻâwiya quiso comprar esta burda a Kaʻb, pero que él se negó a vendérsela. Cuando éste murió, Muʻâwiya se la pidió a sus hijos, la compró finalmente y, desde entonces, los califas salían con ella delante de la gente en las fiestas.
Traducción pasaje del Libro de las canciones de Abû l-Faraÿ al-IîfahªnÌ  (كِتابُ ٱلأغَانِي لأبو الفرج الأصفهاني), s. X 

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